Tacet

by Patricia Valley

Las cosas no debían de ir muy bien por ahí arriba.

Qué pensamientos más torpes había manejado en silencio, con lo que conlleva el eco de un corazón vacío en el que sólo cabe la repetición de tus propias preguntas, sin respuesta, hasta que una se desvanezca por la siguiente.

– Creo que te estás poniendo un poco pedante

– ¿Y quién te ha dicho que no lo quiera ser?

– No sé, no solemos hablar de estas cosas.

– No, no solemos hablar de estas cosas.

– Además, qué más da todo eso.

– Sí, qué más da todo eso

– No me trates como si fuera estúpida, no me respondas con lo mismo.

– Todo este tiempo, sólo he formulado ecos.

– ¿Y cuál ha sido tu intención?

– Supongo que la de que te oigas a ti en otro. No me gusta tratar a la gente como si fuera estúpida. Prefiero que se den cuenta ellos solos y el eco, es la mejor forma de hacer ver que tus estupideces: en grave, en agudo o cambiando el ritmo son justo eso, estupideces.

– Me estás ofendiendo

– Creo que la ofensa no es una capacidad, sino una virtud y no ofende uno sólo por querer,  sino por poder hacerlo. Sabes que te quiero demasiado como para que esa sea mi intención. Y sabes que te importo algo menos de lo que debería para poder ofenderte.

– ¿Quieres oír un buen eco? Tonterías, tonterías, tonterías, tonterías. No dices más que tonterías.

– No digo más que tonterías.

– Deja de repetir cada cosa que digo, no me hace gracia

– Hasta ahora, no has sido capaz de decir ni una sola vez algo que no pueda repetir. Algo que me deje callado.

Tonterías.

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