El volumen de la Retórica y su crimen pasional

by Patricia Valley

Desvelar los barrancos por los que tu mente puede llegar a caer  hacia un vacío que dirige al abandono del cuerpo, de los sentidos, de tu propia inmediatez en el habla y en la capacidad de la razón.

La magnitud de lo posible, tortura el aliento  y responde a la sutileza de un gesto que no ha hecho más que empezar y mutará como la montaña lo hace con las estaciones. Cobardía.

La magnitud de la erótica es la subversión del alma. La versión pretenciosa de  un escorzo orgánico.

En mi punto de inflexión se encuentra el destrozo de tus deseos, la acupuntura de mi mente. Tu taladro de angustia

Traiga la cuenta de cuántas risas hemos perdido y dígale al cocinero que estaba todo muy bueno, pero algo soso.

Hemos mitificado un tomate, sólo porque estaba hecho en una cocina que no era la nuestra. Y es un tomate, con aceite y sal yodada. Un tomate adornado y de invernadero. Si no llega a haberse criado en esa atmósfera aún sería todo, más insípido en este bar, no habría tomate y tú, te habrías quedado sin la felicitación correspondiente.

Tenía hambre eso es todo. Pero en realidad era una basura.

Deberías estar agradecido de que haya plásticos que permitan el nacimiento de tu felicitación… deberías pedir disculpas porque cuando tú naciste, no existieran plásticos que permitan que ahora, estés con nosotros, ensuciando con tu presencia. Échate las manos a la cabeza y llora. Llora como si cada una de las lágrimas que derramases fueran a regalarte un minuto más de la vida que no te mereces.  Y hazme un baile por favor.Tira un vaso al suelo, pisa los cristales,  súbete los pantalones hasta los rodillas y arrodíllate encima de lo que acabas de romper como haces  siempre. Llora encima de tu primavera… el peor invierno de cualquier humano.

Limpia mis zapatos con tu lengua y antes de puedas haber atisbado tu reflejo apártate de ellos. Si te ves en este estado no durarás mucho y hemos venido aquí para presenciar una muerte hipérbole.  Iremos con calma.

No me importa si piensas que soy cruel, prefiero que me llames  “ una investigadora de tu sufrimiento”.

Al fin, alguien ha hecho algo por ti, investigarte. Seguro que con esa cara de panoli, tus investigaciones no hayan salido de la consulta de un dentista, del urólogo en el mejor de los casos. Quién te va a tocar a ti, si apestas. Si eres como si te hicieran comer la porquería que se le queda entre las uñas a una mosca, si es que tuviera uñas. Y encima no te han dado alas, penoso. Dramático. Eres un ser despreciable, inconcebiblemente sucio. Ahora levántate, sigue bailando y grita para que todos te oigan “ Soy la angustia, el nudo en la garganta, el odio de una madre hacia un hijo, la traición, la envidia, el abuso del poder, el hambre, la asquerosa y presencial pérdida de un tiempo y un espacio que deberían corresponder a otro. Todas las cosas asquerosas del hombre hechas hombre” Y repítelo hasta que se me ocurra lo próximo. Repítelo hasta que se te raje la voz. Ponte a cuatro patas, y deja a la vista esas pezuñas que tienes por manos. Si te callas antes de que te lo diga , te pisaré los dedos y multiplicaremos el discurso en honor a la multiplicación de seres felices que habrá hoy tras mi mejor cometido; tu muerte.

Me das asco y si me he comido este tomate, – servido por ti – has de saber que es para recordar la indigestión que me generará, como el nacimiento de una nueva etapa, esa en la que tú no estás. Esa en la que volvió todo lo que se había ido. Y mientras esté vomitando disfrutaré de cada arcada.  Un minuto separará a una de la otra. El despreciable mismo minuto que dio lugar a la casualidad inversa de tenerte hoy presente.

Y no dudes, la duda es un invento de la gente buena. Y ambos sabemos que tú no estás en ese grupo. Yo sí. Yo al menos, he venido aquí a matarte con el puto ars bene dicendi  para que te mueras atragantado bajo el discurso más bello hecho con las palabras más horribles que puedan definir a un hombre como tú.

Y eso… eso es amor.

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